Responsabilidad Social Corporativa

La Responsabilidad Social Corporativa en las entidades de pago

Ya lo decía Zygmunt Bauman, vivimos inmersos en la modernidad líquida. Son tiempos acelerados y de profundos cambios en el entorno geopolítico, tecnológico, demográfico, social, económico y corporativo. Todo interactúa y evoluciona de modo permanente, dibujando un presente y futuro inciertos, de interdependencia económica y cambios en la distribución del poder. ¿Hasta qué punto recoge la estrategia de las entidades de pago este escenario? ¿Es la era de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) también para ellas?

En este cambio de época subyace la idea de que las entidades de pago son el futuro del sistema financiero. Surgen como respuesta a las necesidades del ciudadano de a pie y resuelven cuestiones a las que la banca tradicional no llega por su lenta adaptación a las nuevas tecnologías. Ante esto, este tipo de entidades financieras tienen el reto de mirar al futuro desde una perspectiva diferente y con nuevos modelos inclusivos que trabajen involucrando a sus accionistas e inversores, clientes, empleados, proveedores y a toda la sociedad en sí, dando respuesta a aquellos asuntos que se identifican como relevantes para la entidad y todos los suyos.

Esto supone que la idea de que una entidad financiera debe maximizar el beneficio, a costa de lo que sea, ya no vale. El mundo y la manera de hacer negocios, de gestionarlos, está cambiando y es en este punto,donde entra la Responsabilidad Social Corporativa (RSC).  No me digas qué haces, sino cómo lo haces.

Qué se entiende por RSC

Algunas entidades de pago comienzan a integrar en su gestión de manera transversal los principios de la responsabilidad social y la transparencia, pero sólo unas pocas. De hecho, de las veintiuna entidades de pago analizadas, sólo una tiene implementada la RSC, cinco hablan de la gestión de cumplimiento, tres mencionan su manual de Prevención del Blanqueo de Capitales o cumplimiento antifraude y dos hablan de crecimiento sostenible.

Esto implica el diálogo abierto con los grupos de interés y su involucración sobre la gestión de la entidad, sus riesgos operativos y las medidas tomadas para evitarlos o atenuarlos en el presente y futuro. Si bien es cierto que son pocas las que hoy atienden a este patrón estratégico, la tendencia es clara y clave: el sector financiero se dirige hacia modelos responsables que ayuden a recuperar la reputación y confianza (inclusive el respeto y la admiración) perdida en tiempos de crisis, a través de la buena gobernanza y la transparencia, y profundizando en la ética de las virtudes y los valores morales.

Para aterrizar conceptos, la responsabilidad social se ha definido de muchas maneras, pero para entenderla en toda su dimensión podemos decir que es la integración activa y voluntaria por parte de las entidades de las preocupaciones sociales y medioambientales a sus operaciones comerciales y a las relaciones con sus empleados, accionistas, inversores, clientes, sector público… con el objetivo de mejorar su situación competitiva y su valor añadido, a la vez que aportan impactos positivos en la sociedad (impactos medibles y cuantificables). Es la sostenibilidad entendida en todas sus versiones: económica, social y ambiental.

Integración de la responsabilidad social. Fuente: Norma ISO26000

Integración de la responsabilidad social. Fuente: Norma ISO26000

Cómo saber si una entidad practica la RSC

He aquí algunos interrogantes a modo de examen:

  • ¿Qué hago yo como empresa para generar riqueza?
  • ¿Soy responsable de mis actos?
  • ¿Dónde pone el foco mi visión estratégica?
  • ¿Asumo compromisos más allá de mi realidad?
  • ¿Me limito a  la obtención de beneficios económicos y del cumplimiento de la legalidad o actúo como corresponsable del bien común?
  • ¿Soy coherente con mi discurso?
  • ¿Dónde invierto mi capital económico?
  • ¿Escucho las inquietudes y preocupaciones de mis grupos de interés procurando aportarles valor y responder a sus necesidades?

En este contexto, se observa que la RSC se ha colado por las rendijas del ordenamiento jurídico en normas vinculadas a la transparencia, el buen gobierno, la diversidad, la gestión del riesgo, el reporte, los derechos laborales, el medio ambiente… que afectan también a las entidades de pago.

Hay cuestiones como la responsabilidad penal de las personas jurídicas, los códigos de buen gobierno corporativo, compliance, las medidas anticorrupción y prevención de delitos que valoran la eficacia de los modelos de organización y gestión y que tienen un sentido lógico después de los abusos cometidos; y que son imprescindibles porque establecen las políticas éticas y la cultura de cumplimiento normativo en éstas entidades.

La RSC en la regulación jurídica

La normativa sectorial de las entidades de pago no contempla obligación alguna en materia de responsabilidad social corporativa. Sin embargo, hay multitud de normas que afectan a éstas en el marco del desarrollo de su responsabilidad social:

Otras normas que, sin citar expresamente RSC, sí hacen referencia a la “función social” o “finalidad social” son:

Y las siguientes son recomendaciones, guías o normas voluntarias (no vinculantes jurídicamente):

Sobre instrumentos y estándares voluntarios; autorregulación:

Algunas iniciativas internacionales a las que se adhieren las entidades financieras responsables:

Responsabilidad financieraComo vemos, se están introduciendo cambios en la legislación que obligan a las entidades a adaptar sus prácticas a determinados estándares. Estos cambios legales hacen recaer sobre las empresas la responsabilidad en que han incurrido sus directivos o empleados, a no ser que puedan demostrar que han puesto los medios necesarios para evitar esas conductas inadecuadas, por ejemplo, en el cumplimiento de las leyes fiscales, la transparencia de la información contable, las actuaciones con impacto sobre el medio ambiente o las prácticas que pueden ser discriminatorias en la política de contratación del personal.

No obstante, la RSC es superior a la legalidad, es más que todo esto, es la apuesta por la construcción de un camino hacia un modelo de desarrollo responsable que se exige a sí mismo y cuyo objetivo es conseguir satisfacer nuestras necesidades y lograr un mundo mejor. Y que no suene idealista, se trata de conseguir una estrategia que pase por la excelencia (léase en mayúsculas), por un compromiso de hacer bien las cosas, de cumplir con el deber y ser la mejor versión como entidad para alcanzar el bien común. Sí, las entidades de pago también pueden cambiar el mundo, transformando su modo de actuar.

¿Y qué hay que hacer? Hay que pensar en aquellos asuntos que son materiales para las entidades de pago y trabajar sobre ellos, valorar los riesgos y establecer políticas que los minimicen, a la vez que se maximiza el valor de éstas; medirlo todo y aplicar procedimientos de mejora continua. Todo siempre desde el compromiso de la más alta dirección.

Estas entidades, como personas jurídicas, hoy son sujetos del derecho penal. Esto constituye una magnífica oportunidad para que desarrollen estrategias que conlleven a la racionalización de sus procesos de toma de decisiones y de su visión del negocio; de sus organigramas y de las aplicaciones funcionales de los mismos; de un gobierno enfocado a sus accionistas. Cumplamos y seamos responsables, vayamos más allá; ésta es la idea.

Entonces, ¿hasta qué punto recoge la estrategia de las entidades de pago este escenario apresurado y de cambios constantes del que hablamos? Las entidades de pago asumen compromisos con todo su entorno y deben cumplir con responsabilidad, a través de procedimientos y metodologías que les permitan verificar y evaluar el grado de aplicación y compromiso de la entidad para ser verdaderamente útiles a la sociedad. Esto es, aplicando la RSC. Poco a poco, repensando los modelos, saliendo de uno mismo, desde el enfoque de los grupos de interés.

En definitiva, una entidad de pago es mucho más que una entidad que gestiona servicios de pago. La responsabilidad social, siendo una estrategia que no sólo supone una forma diferente de dirigir las entidades, la completa con ese compromiso, diálogo y participación, y abre la mano a todos los sectores con los que actúa, recibiendo las peticiones de los ciudadanos para dar respuesta a sus demandas. Esto es el principio del futuro. El sector financiero quiere recuperar la confianza y ésta se transmite con el ejemplo, a través de los principios y valores. Las entidades de pago pueden hacerlo desde su naturaleza innovadora, partiendo de cero, empezando a construir desde el pilar de la responsabilidad.

Si nos montáramos en el “De Lorean” y marcáramos cualquier año del futuro, veríamos el gran papel protagonista de las Fintech y cómo la innovación del sistema financiero no sólo habrá implicado su digitalización, sino también un cambio de paradigma respecto al modelo de negocio que irá, incluso, más allá de la economía colaborativa, las inversiones de impacto o la economía del bien común. Estamos ante un cambio de época dónde el elemento diferencial de las entidades vendrá determinado por cuán responsables sean con la sociedad. El futuro del sector financiero no estará tanto marcado por el dinero, como por la manera de gestionarlo e impactar positivamente en la sociedad.

Loviit

Ana es periodista, responsable de Administración y RSE en Linares Abogados, cuenta con más de cuatro años de experiencia en el tercer sector como responsable de la Delegación de Fundación del Valle en la Comunidad Valenciana y ha sido consultora de proyectos en el Departamento de Educación para la Vida de la ONG FUNDAP en Guatemala.

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